D.L. MODY

1837-1899

 

SUS INICIOS: En 1871, Sara Cooke y la señora Hawxhurst asistían a la iglesia donde pastoreaba D. L. Moody, de 34 años de edad. A pesar de su formalidad y sinceridad, estas mujeres estaban convencidas de que carecía de algo importante: poder espiritual. De modo que ellas se sentaban en la primera fila a orar.

 

Ellas conversaron con Moody acerca de sus convicciones y empezaron a orar con él para que recibiera poder espiritual. Creció un gran deseo en Moody de tener el poder de Dios. Un día, "se tiró al piso, y entre lágrimas, gemidos y llanto, clamó a Dios ser bautizado con el Espíritu Santo y fuego"

 

Mientras estaba de negocios en New York, el Espíritu Santo cayó sobre él. Así lo describió Moody: "Un día, en la ciudad de New York —¡qué gran día!—, no lo puedo describir. Muy raras veces me refiero a esto; es una experiencia casi demasiado sagrada para nombrarla. Pablo tuvo una experiencia de la que no pudo hablar por catorce años. Yo sólo puedo decir que Dios mismo me fue revelado, y tuve tan gran experiencia de su amor que hube que pedirle que detuviera su mano." Moody estaba seguro de que si Dios no levantaba su mano, él moriría.

 

Después de algunos meses, en 1873, planeó un viaje de predicación a las Islas Británicas. Lo acompañó su reciente amigo y director de música, Ira Sankey. Moody comenzó a predicar; y algo había cambiado. "Los sermones no eran distintos "“señaló—. No presentaba ninguna nueva verdad; no obstante, cientos se convertían. No quisiera volver a lo que era antes de esa bendita experiencia [en New York], aunque me ofrecieran todo el mundo; sería como polvo en comparación"

 

Así empezó la etapa ministerial de D. L. Moody en que estuvo fortalecido con poder espiritual. Antes de su viaje a Inglaterra, él era poco conocido. Desde Inglaterra se esparcieron rápidamente las noticias del poder sobrenatural que acompañaba su ministerio. Cuando retornó a los Estados Unidos, era una celebridad internacional.

 

Tan grande era el poder que tenía en su ministerio que algunos lo llamaron un "tercer Gran Despertamiento". Los siguientes veinticinco años recorrió el mundo de habla inglesa. Predicó a aproximadamente cien millones de personas, inicio escuelas, fundó universidades, y dejó su huella en el evangelismo del siglo diecinueve. Tuvo una vida admirable. "Sin educación superior, fundó tres escuelas. Sin formación teológica, reformó la cristiandad victoriana. Sin radio ni televisión, alcanzó a cien millones de personas".

 

Los tiempos

 

"La historia del mundo "”escribió Thomas Carlyle"”, es sólo la biografía de grandes hombres". En este sentido, la historia cristiana del siglo diecinueve no se puede entender sin mirar de cerca a D. L. Moody; y no podemos apreciarlo sin un entendimiento de los tiempo en los que le tocó vivir.

 

Moody nació en un mundo agrícola que había cambiado poco en mil años. Por contraste, vivió durante un período de turbulentos cambios. Creció la población de las ciudades en la medida que la agricultura rápidamente iba en declive. Al morir en 1899, los Estados Unidos ya se había convertido en una nación industrializada. Su generación fue testigo del primer uso del telégrafo, del tren, de los barcos a vapor, y del descubrimiento de los gérmenes y las bacterias.

 

Fue también una época de cambio teológico. El arminianismo metodista conquistó el calvinismo "ortodoxo" de los padres de la Nueva Inglaterra de Estados Unidos. Las décadas posteriores en la vida de Moody vieron la llegada del premilenarismo, la creciente popularidad de las teorías de Keswick de una vida de santificación, el renovado interés en el Espíritu Santo, y el comienzo del Movimiento de Santidad.

 

La personalidad de Moody encajó en ese mundo de turbulentos cambios. De alguna manera él fue un vívido ejemplo de la despreocupada América capitalista del siglo diecinueve. Próspero en los negocios, "Moody fue una figura de Horacio Alger "”señala George Marsden"”. El muchacho que nació en modestas circunstancias, que a través de su iniciativa e imaginación, tuvo fama y buen éxito. En ese sentido, fue un hombre de su era"

 

Bibliografía

Moody nació en 1837 en Northfield, Massachussets. A la edad de cuatro años vio morir a su padre. Su madre, golpeada por la pobreza, lo crió juntamente con siete hermanos con la moral necesaria para el llamado de Dios más tarde en su vida. Como creció en un adormecido pueblo de Massachussets, apenas obtuvo una educación primaria. Su madre lo bautizo en la iglesia unitaria.

 

En 1854, a la edad de diecisiete, Moody dejó el hogar para ir a Boston, donde consiguió trabajo como vendedor de zapatos. Era un joven extrovertido, confiado, trabajador, y optimista. Por medio de la influencia de un maestro de la escuela dominical de la Iglesia Congregacional de Boston, puso su fe en Cristo. Irónicamente, cuando postuló para ser miembro de la iglesia, los ancianos le negaron la entrada. Sus antecedentes unitarios no lo habían equipado con el adecuado conocimiento de la Biblia. Posteriormente, un año después, los ancianos aceptaron su afiliación.

 

Chicago era una ciudad bulliciosa de 80.000 habitantes en la frontera oeste, un dinámico centro de oportunidades de negocio. En 1856 Moody se trasladó allá en busca de buena fama y fortuna. Él tenía diecinueve años de edad. Decidido en convertirse rico, alcanzó de inmediato el buen éxito. A los veintitrés años acumuló 8.000 dólares (equivalente hoy a US$ 800.000).6 Estaba ganando un equivalente a medio millón de dólares por año. Mientras estuvo en Chicago, colaboró en la escuela dominical y se hizo miembro de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA), una organización que lo había influido en Boston.

 

En 1860, Moody dejó sus ambiciones de negocios y se convirtió en evangelista de niños de la YMCA. Aunque era extremadamente energético, necesitaba adiestramiento en habilidades ministeriales. En sus primeros años, "era todo menos que un experto orador "”afirma D. O. Fuller"”. Después de un culto a media semana en el que trató de decir unas cuantas palabras, alguien le sugirió que en silencio serviría más efectivamente al Señor"

 

Moody comenzó una escuela dominical para niños pobres de los barrios del norte de Chicago. Su biógrafo cuenta que él "realizó su tarea con celo y determinación y casi alarmante devoción al deber"

 

Su obra rápidamente creció a ochocientos asistentes por semana. Conforme los adolescentes iban creciendo y llegaban a la edad adulta, Moody formó una iglesia para satisfacer las necesidades espirituales de ellos y de sus padres. Este fue su principal ministerio en el decenio de 1860.

 

En el año 1862, Moody se casó con Emma Revell, de diecinueve años de edad. Él era tosco, sin educación formal y si modales. Emma, sin embargo, era culta y refinada. Bajo su influencia él rápidamente adquirió los modales sociales requeridos, los que serían muy importantes para su posterior ministerio. Ella se encargó de toda la correspondencia, de la economía de la familia, y de la crianza de los tres hijos. Emma era "la firmeza moral del buen éxito de Moody"

 

Después de su "bautismo en el Espíritu Santo" en 1873, manera en que él siempre lo recordaba, su ministerio dio un giro drástico. Cuando por primera vez recibió el poder, Moody estuvo confundido. Nunca lo había experimentado, y no sabía qué hacer. Esto es lo que dice un testigo ocular: "Una capilla grande estaba llena para escuchar a Moody; dejó una profunda huella. Acabo de llegar del culto nocturno, donde cada hilera y pasadizo, cada vestíbulo, y aun las escaleras del púlpito, estuvieron repletas de gente media hora antes de que comenzará el culto. El Espíritu Santo obró poderosamente, pecadores de todas las clases sociales buscaron al Señor fervorosamente, y hermanos y hermanas de la Iglesia de Inglaterra, de los Amigos, y de cada denominación, sin invitación fueron motivados a hablar con ellos y a orar"

 

La gira evangelística en Gran Bretaña terminó con cuatro meses en Londres. Algunos han estimado que allí predicó a dos millones y medio de personas.

 

"Cuando Moody y Sankey retornaron a casa después de esa gira, que duró de 1873 a 1875, eran virtualmente héroes nacionales", refiere George Mariden.11 Llegaron invitaciones a llevar a cabo cruzadas en Brooklyn, Philadelphia, Nueva York, y otros principales centros poblados de Norteamérica .Por el resto de su vida, viajó extensamente (se estima que hasta un millón de millas), y predicó sermones de avivamiento a multitudes.

 

Una cuidadosa preparación, la cooperación de las iglesias locales, y avanzada publicidad, caracterizaron el ministerio de Moody. Al respecto, él forjó el modelo de evangelismo masivo del siglo veinte que evangelistas como Billy Graham y otros usarían.

 

Pero Moody hizo más que predicar. En los posteriores años de la década de 1870, empezaron a apaciguarse sus poderes evangelísticos. Con el deseo de preparar evangelistas a tiempo completo y obreros laicos, se dedicó a la educación cristiana. En 1879, fundó una escuela de mujeres en Northfield, Massachussets. Siguió una escuela de varones, en Mount Hermon, en 1881. En 1886, inició un instituto bíblico en Chicago para capacitar a ministros laicos. Después de su muerte, se le dio el nombre de Moody Bible Institute.

 

Incursionó también en el negocio de publicidad. En los años 1880, contrató a su cuñado, Fleming Revell, para publicar algunos de sus libros. El buen éxito de las obras escritas de Moody prosperó el negocio de su cuñado. Revell Publishing llegó a ser un modelo para las compañías cristianas en el rubro de publicidad.

 

A fines de 1899, mientras realizaba una campaña en la ciudad de Kansas, Moody enfermó. Murió de una enfermedad al corazón en diciembre, a pocas semanas del nuevo siglo. A través de todo el país, la iglesia lamentó su muerte.

 

La particularidad de Moody

Comparado con otros evangelistas, Moody ha sido único. Con solo el equivalente a una educación primaria, predicó a millones. Su falta de educación, sin embargo; no lo detuvo. La mayor parte de su vida luchó por deletrear correctamente, usar la debida puntuación, y hablar con propiedad.

 

Dice un viejo dicho: "No hay grandes hombres que no sean grandes lectores". Moody puede haber sido una excepción. La acción, no leer teología ni pasar tiempo en contemplaciones, fue lo que caracterizó su vida. A la edad de 62, unas semanas antes de su muerte, todavía estuvo predicando hasta seis veces al día. Aunque leyó diligentemente la Biblia, leyó muy poca teología o historia de la Iglesia, pero sí los escritos de su amigo, C. H. Spurgeon. El pragmatismo, no la vida de la mente, constituyó su interés.

 

En segundo lugar, nunca fue ordenado. Fue un consumado hombre de negocios y evangelista. Todos sus grandes predecesores "”Whitefield, Edwars, y Finney"” eran ministros ordenados; pero Moody rompió el molde. Técnicamente, era un predicador laico, e insistió en que la gente lo llamara "Señor Moody".

 

En tercer lugar, fue el primer evangelista de masas. Anterior a Whitefield en el siglo dieciocho, los pastores locales evangelizaban a sus congregaciones. No había evangelistas itinerantes. Los ministerios de Ashel Nettleton (1783-1844) y Charles Finney (1792-1875) siguieron los pasos de Whitefield, pero ninguno condujo cruzadas masivas como Moody.

 

Moody realizó sus cruzadas con eficiente destreza organizativa propia del hombre de negocios que era. Cuando lo invitaban a una ciudad, requería unidad entre los líderes protestantes, un ya establecido apoyo financiero, visitación casa por casa en la ciudad, y a veces exigía la implementación de un edificio adecuado antes de que aceptara la invitación. Su equipo de colaboradores organizaba todo con anticipación. Nada se dejaba al aire. En sus últimos años, no se percibía mucho la espontaneidad del Espíritu Santo.

 

Finalmente, cuando la mayoría de los evangelistas del siglo diecinueve pertenecían a una denominación, Moody nunca estuvo ligado a ninguna. No estuvo en contra de ello. Por el contrario, se valió de su estado neutral para tender puentes entre él y las organizaciones cristianas separadas entre sí. Su ministerio promocionaba el ecumenismo entre aquellos a quienes servía.


Su legado

 

Así como muchos grandes hombres, Moody ha conmovido profundamente a la Iglesia.

 

Primero, su vida cambió la percepción que tiene el público de un evangelista. Su ejemplo promovió la separación de la teología y el evangelismo en la mente del público. Él dijo que "aunque lo que uno cree es importante, en quién se cree es de suma importancia".

 

Dichas afirmaciones dan la impresión de que la teología y la experiencia en Cristo se pueden separar o que son dos distintos asuntos. Su vida y ministerio fomentaron la idea de que el pensamiento crítico no es importante para la obra de evangelismo.

 

Como muchos hombres, Moody sí tuvo una teología, pero la mantuvo simple. La resumió en tres puntos: arruinado por el pecado, redimido por la sangre, y regenerado por el Espíritu Santo.

 

Moody también propagó las escuelas bíblicas. En contraste con los seminarios, las escuelas bíblicas atenúan el énfasis en la historia de la Iglesia, el estudio formal de teología, y el estudio de las lenguas bíblicas originales. El resultado es un énfasis en el concepto de "yo y mi Biblia".

 

El ministerio de Moody también introdujo un nuevo sentimentalismo en la obra evangélica. Él a menudo predicaba en busca de una respuesta emocional. Su mensaje era sencillo, sincero, y directo. Su prédica se caracterizaba por realismo; era una simple exhortación matizada con anécdotas personales. Su estilo estuvo en directo contraste con el viejo evangelismo que apelaba a la razón humana. No obstante, el Espíritu Santo convertía a miles a través del ministerio de este siervo de Dios.

 

El ministerio de Moody contribuyó muchísimo en la iglesia y la sociedad. Él fomentó y motivó el compromiso del laicado en el evangelismo, la unidad de la iglesia, y el ministerio interdenominacional.

 

Moody fue un predicador de término medio que obtuvo buen resultado por encima del promedio porque el poder de Dios lo acompañó. A consecuencia de ello mucha gente confió en Cristo, no en D. L. Moody. Su ministerio constantemente recordó a los hombres de la necesidad del poder del Espíritu Santo.

 

Como la mayoría de obreros cristianos, el ministerio de Moody impactó la iglesia en muchas maneras no vistas antes. Moody influyó profundamente en F. B. Meyer. Meyer, con nuevo fervor evangelístico, influyó en J. Wilbur Chapman. Chapman ayudó al ministerio de Billy Sunday, quien a la vez tuvo un profundo impacto en Modacai Ham. Ham, en una campaña evangelística en Carolina del Norte, guió a Billy Graham a Cristo. Dios se mueve de manera misteriosa, y el ministerio de D. L. Moody constantemente nos recuerda esta verdad.

 

Verdaderamente, la historia es la historia de la obra de Cristo.

 

INTIMIDAD EN LA FORMA DE PENSAR DE MOODY

 

Cómo preparaba Moody sus sermones

 

Una vez que había resuelto cuál sería el tema de su predicación, tomaba un sobre grande, y escribía sobre él el título o la referencia: El Cielo, El Salmo 3, etc.

 

En sobres de este tipo iba guardando extractos de sermones, recortes de diarios, pensamientos originales, todo lo que se relacionara con el tema. En su escritorio tenía centenares de estos sobres, algunos de ellos muy abultados.

 

Cuando quería predicar sobre un tema determinado, primero revisaba el sobre y elegía aquellas cosas que le parecían de utilidad. Luego hacía un bosquejo en el cual introducía estas cosas. Decía que este método de hacer sermones presenta grandes ventajas: El bosquejo permite que haya inspiración del momento, ya que el predicador no está atado a un manuscrito completo. Siempre decía que la iglesia prescisa “hombres que puedan pensar mientras están de pie.” “La gente dice que repito los mismos sermones. Naturalmente que lo hago. Si tienes un sermón que ha sido bendecido por Dios, no temas usarlo muchas veces”.

 

Hay demasiados oradores

 

Mis amigos, tenemos demasiados oradores. Estoy cansado de los “picos de oro”. Antes me lamentaba porque no podía llegar a ser orador. Pensaba que sería tan hermoso si yo pudiese hablar con un lenguaje bello que cautivara a mi auditorio. He escuchado a muchos grandes oradores. Venían, se iban, y su voz era como el aire: carecía de poder. Confiaban, no en el Señor, sino en sus bellos discursos. Era a esto que se refería San Pablo cuando dijo: “Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, más con demostración del Espiritu y de poder”.

 

A un testigo que frente a un juez trata de hacer oratoria, pronto lo harán callar. El hombre que dice la verdad en forma clara y sencilla es el que tiene mayor poder.

 

La biblia como un álbum de fotografías

 

La Biblia es como un álbum de fotografías. Voy a la casa de un amigo, y mientras lo espero comienzo a hojear su álbum. Voy dando vuelta a las hojas y encuentro gente que conozco, y gente que se parece mucho a mis vecinos y amigos.

 

Si leemos la Biblia, encontraremos en ella nuestros retratos. Mi amigo, quizás seas un fariseo. Si es así, mira lo que dice el evangelio de Juan, capítulo 3. Pero tal vez no seas un fariseo. Quizás pienses que eres un pecador demasiado malo para llegar a Cristo. Lee lo que dice la Biblia acerca de la mujer de Samaria, y cree en las palabras que el Señor le dijo a ella.

 

Métela en tu corazón

 

“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.” Según un predicador escocés, guardar la palabra en el corazón es meter una cosa buena en un buen lugar para un buen fin. Muchos tienen la Biblia en la cabeza, o en el bolsillo. Lo que necesitan es tenerla en el corazón.

 

Algo nuevo

 

Muchos hombres creen que la Biblia es un libro atrasado que ya pasó a la historia. Dicen que estaba bien para los tiempos remotos, y que contiene algunas páginas históricas de interés, pero que no sirve para hoy; que vivimos en el siglo de las luces, y hemos adelantado tanto que los hombres pueden andar perfectamente bien sin la Biblia.

 

Lo mismo sería decir que el sol, que ha brillado tanto tiempo, es ya tan viejo que es una cosa atrasada; o que cuando un hombre construye una casa, ya no debe ponerle ventanas desde que hemos descubierto la luz eléctrica. Yo les aconsejo a quienes piensan que la Biblia es demasiado vieja y que está fuera de moda, que no pongan ventanas en sus casas, sino que alumbren a éstas con luz eléctrica, ya que lo que buscan es lo novedoso.

 

Dios es amor en todos los vientos

 

Spurgeon estuvo en cierta ocasión visitando a un amigo en el campo. Vio que sobre uno de los graneros había colocado una veleta con la inscripción “Dios es Amor”

 

Entonces le preguntó si con ese texto quería decir que el amor de Dios era tan cambiante como el viento. El hombre le respondió que no, que lo que quería decir era que Dios es Amor siempre, no importa de dónde soplen los vientos.

 

Dos maneras de unirse

 

Hay dos maneras en que es posible unir las cosas. Una, por medio de la congelación, la otra, por medio de la fusión por calor. Lo que precisamos los cristianos es estar unidos por el amor fraternal. Entonces sí que podemos esperar que haya poder.

 

El cumplimiento del deber

 

Me estoy cansando de esa palabra deber, deber. Todo el mundo habla de que es su deber hacer esto, o su deber de hacer aquello. Ha sido mi experiencia que cristianos de esta clase tienen muy poca bendición. ¿No podemos tener una ambición más alta que la del deber? ¿No podemos trabajar por Cristo porque le amamos?

 

El espíritu de David Livingstone

 

El Profesor Drummond cuenta que en Africa conoció a algunos nativos que se acordaban de David Livingstone. No entendían una sola de sus palabras, pero reconocieron en el gran misionero el lenguaje universal del amor. Hacía muchos años que no tenían contacto alguno con los cristianos, pero recordaban la personalidad bondadosa de Livingstone.

 

Es este mismo mensaje universal del amor, amor divino, amor parecido al de Cristo, que debemos poseer si queremos que el Señor nos utilice. El mundo poco entiende de dogmas o de teología, pero entiende de simpatía y el amor. Una acción bondadosa puede ser más potente y tener mayor alcance que el más elocuente de los sermones.

 

Fundado sobre el amor

 

Napoleón trató de establecer un reino por medio de la fuerza de sus ejércitos. Lo mismo hicieron Alejandro el Grande, Julio César y otros guerreros. Jesús fundó su reino sobre el amor, y su reino va a permanecer. Cuando llegamos a este plano, el del amor, todas las cosas egoístas e indignas desparecen, y entonces nuestra obra puede soportar el fuego de la prueba.

 

No regañar

 

“El que caza almas es sabio.” ¿Quieres ganar almas? No regañes ni trates a tus semejantes con torpeza. No procures derribar todos sus prejuicios antes de haberlos llevado hacia la verdad. Algunos creen que tienen que voltear todo el andamiaje antes de que puedan comenzar a trabajar en el edificio. Un joven predicador fue a la iglesia de un anciano pastor, y durante todo el sermón no hizo más que reprender a la congregación. Cuando terminó, le preguntó al anciano qué tal le había parecido la predicación. Este le dijo: “En casa tengo una vaca. Cuando quiero leche, le doy de comer. Ni le grito ni le insulto.”


Un proverbio veraz

 

Hay un proverbio árabe que reza así: “Al cuello, lo dobla la espada; pero al corazón, únicamente lo dobla otro corazón”. El amor es irresistible.


Demasiado tarde

 

Yo estaba terminando una reunión en nuestra iglesia de Chicago, cuando un joven soldado se puso de pie y rogó a los presentes que aceptaran a Cristo. Nos contó que acababa de llegar de una escena muy triste. Un compañero de regimiento, hijo de cristianos, frente a los ruegos de su buen padre, siempre decía que aceptaría a Cristo cuando terminara la guerra. Por fin fue herido y llevado al hospital, en donde se vio que no había esperanzas de mejoría.

 

Unas cuantas horas antes de su muerte, le llegó una carta de su hermanita, pero ya no tenía fuerzas para leerla. ¡Era una carta tan solemne!

 

Un compañero se la leyó, pero no parecía entender, hasta que llegó a las últimas palabras que decían: "Oh mi querido hermano, te ruego que cuando recibas la presente, aceptes al Salvador de tu hermanita."

 

El moribundo se sentó en la cama, y gritó "¿Qué dice?" Luego, cayendo pesadamente sobre la almohada exclamó: "Es demasiado tarde. Es demasiado tarde."

 

Mis queridos amigos: Gracias a Dios que no es demasiado tarde para ustedes hoy. El Maestro todavía les está llamando. Que todos nosotros, jóvenes y viejos, ricos y pobres, vengamos a Cristo ahora mismo, y quitará todos nuestros pecados.

 

Moody, el cigarro, y la biblia

 

Le preguntaron al gran evangelista Moody si había en la Biblia algún versículo que prohibiera fumar. --No --dijo él--, pero conozco uno que ordena fumar. --¡Cómo! --exclamó el interrogador. Y repuso Moody --sí, en Apocalipsis 22:11: "El que es inmundo, sea inmundo todavía."

 

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