EL DESGASTE MINISTERIAL

 

El desgaste es un hecho más que natural. Todo lo creado está sujeto a la segunda ley de la termodinámica. Todo decae. Pero también es cierto que el Señor nos ha dado una facultad renovadora y regeneradora que debemos aprovechar al máximo:

 

"Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día." (2ª Corintios 4:16).

 

"Renovaos en el espíritu de vuestra mente." (Efesios 4:23).

 

"Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador." (Tito 3:4-6).

 

Puede que no haya demasiadas cosas nuevas en este trabajo porque algunos de vosotros me preceden en el ministerio pastoral. Pero me anima compartir con ustedes estos pensamientos porque sé que después podremos intercambiar experiencias y aprender los unos de los otros.

 

Lo que voy a compartir con ustedes es el fruto del consejo de otros hermanos en el ministerio, de mi propia experiencia y de lecturas que me han ayudado en muchas ocaciones

1.- La Agenda:

 

"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora." (Eclesiastés 3:1).

 

"Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal." (Mateo 6:34).

 

En primer lugar debemos ser dueños de nuestra agenda. De lo contrario, otros lo serán. Y si otros lo son, y su agenda no es saludable, la nuestra se contaminará irremediablemente.

 

No esperemos que los demás aporten equilibrio a nuestra agenda. Nunca lo harán. Esa tarea nos corresponde a nosotros.

 

Cuando esto ocurre, y los demás son quienes controlan nuestra agenda, solemos vernos dando vueltas en círculos que no conducen a ninguna parte hasta llegar a perder la visión clara de los objetivos que Dios ha puesto en nuestro corazón.

 

Cuando esto sucede, nos encontramos preparando el sermón dominical el sábado por la noche llegando sin fuerzas y consistencia para el domingo de servicio.

 

Cuando esto acontece, olvidamos que la importancia de la oración también nos alcanza a nosotros, nos exponemos a caer en la rutina y a depender de nuestras propias fuerzas y humana sabiduría.

 

Cuando volvemos a ser dueños de nuestra agenda, nuestra familia recupera un esposo y un padre o madre.

 

Para ejercer la propiedad de nuestra agenda debemos desarrollar una teología del ministerio. Para ello debemos comenzar por examinar el concepto del ministerio a lo largo de las Sagradas Escrituras. Luego precisaremos aplicar los principios bíblicos -he dicho "principios", no "fórmulas", por cuanto éstas no existen- a nuestra situación particular.

 

Hay tensiones y frustraciones por causa de la superficialidad en la predicación. Y esto es así porque para realizar el ministerio de la Palabra es menester entrar en las "aguas" de la Escritura sin prisa, si es que queremos ministrar, proclamar, nutrir, enseñar y aconsejar eficazmente.

 

La superficialidad es una de las mayores maldiciones de la época en que nos ha correspondido vivir. Esto lo vemos en el hedonismo o búsqueda de la satisfacción inmediata que afecta a tantas y tantas personas en nuestros días, comprendidos muchos cristianos. De ahí que muchos no puedan usar sus dones, no por carecer de ellos, sino por la falta de profundidad de su tierra.

 

Hemos olvidado, si es que alguna vez se nos enseñó y lo hemos practicado, la importancia de pasar tiempo tranquilamente con el Señor, en meditación, en reflexión, sin hacer nada más. Quizá por eso perdemos tan fácilmente el rumbo, la dirección, el sentido. Y aquí se halla un caldo de cultivo muy propicio para las frustraciones y depresiones.

 

La prisa y la fe no pueden ir de la mano: "Por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure." (Isaías 28:16).

 

Jesús pasó mucho tiempo a solas con el Padre. Nunca entró en la "plaza de mercado" sin haber pasado tiempo en el "monte", en el "huerto".

 

Sólo así podremos hallarnos seguros y relajados tanto en los momentos de aconsejar como en la exposición de la Palabra desde el púlpito.

 

He conocido a pastores que han sido insultados por no dedicar tiempo a labores administrativas o mecánicas. Hemos permitido que nos organicen nuestra agenda con tantas funciones administrativas e infructuosas que poco a poco y paso a paso la definición del pastor como "Ministro de la Palabra" se ha convertido casi en un eufemismo. Y, sin embargo, sólo podremos hacer bien nuestro trabajo si contamos con tiempo suficiente para estudiar la Palabra de Dios y dedicar tiempo a la oración, para que la predicación y la enseñanza recobren la dimensión, dignidad y eficacia que les corresponden; para la preparación de otros hombres y mujeres idóneos para la obra del ministerio, para la visita de los enfermos y debilitados, y para el consejo a quienes están a nuestro cargo. No debemos dejar de hacer estas labores fundamentales por ninguna otra actividad administrativa.

 

"Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra." (Hechos 6:3-4).

 

Si nos descargamos de las funciones administrativas de la iglesia, ayudando a los hermanos a descubrir los muchos dones, ministerios y operaciones que el Señor reparte entre sus hijos e hijas, nuestra agenda fácilmente tendrá tiempo para nosotros mismos, para nuestras familias, para algún pasatiempo o deporte, para evitar muchas frustraciones, depresiones, enfermedades y abandonos.

2.-La Ansiedad:

 

"Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida..." (Mateo 6:25).

 

Tenemos la tendencia, quizás sería mejor decir la "manía" -es parte de nuestra vieja naturaleza- de acumular preocupaciones, adelantar acontecimientos, almacenar penas, guardar resentimientos, archivar quejas, refugiarnos en viejas heridas -que a veces volvemos a abrir nosotros mismos para conservarlas frescas- y toda una larga serie de actitudes que no nos permiten vivir el momento presente, el día que hizo el Señor, en el que por estar enredados en las penas que hemos permitido anidar en nuestro corazón, nos pasan inadvertidas las mil y una oportunidades de servir y testificar.

 

Necesitamos volver a tener bien presente, si es que lo hemos olvidado -o dado por hecho, que es mucho más peligroso- que el Espíritu Santo va delante de nosotros en esa visita que vamos a realizar, en un hogar, en un hospital o en una cárcel, o en la preparación y exposición de un sermón, o en el tiempo de oración que vamos a dedicar con un hermano o con cualquier alma necesitada.

 

Después de nuestra partida, el Espíritu Santo quedará ministrando donde nosotros hayamos dejado nuestras palabras, nuestras risas o lágrimas, nuestra caricia o nuestro silencio. Lo que nos corresponde hacer a nosotros es orar y confiar, dejando a las almas y las situaciones en manos del Señor.

 

La ansiedad nos hace poner nuestros corazones en la dirección equivocada. Y si nuestros corazones no están en la dirección del Espíritu Santo, nos llenaremos de un variado y pesadísimo equipaje que sólo es impedimenta para el viaje.

 

Como mi mayor pretensión no es la de decirles cosas nuevas, sino compartir con vosotros a corazón abierto, me atrevo a decirles -mejor recordarles- que nosotros no somos iniciadores. La iniciativa siempre es del Señor. Nosotros sólo somos herramientas. Y lo fundamental de una herramienta es dejarse usar, poniéndose tranquilamente en las manos del Divino Artesano.


Puede parecernos una ironía, pero el arte de esperar, de descansar, es el mayor esfuerzo que muchos pueden hacer hoy, principalmente por causa de no haber sido enseñados al respecto; pero también en parte porque puede que no haya nada más contrario a la naturaleza humana que la práctica de la espera.

 

Después de la fe, no hay una gracia más importante que la capacidad para esperar, y, naturalmente, esperar liberados de cargas. No tiene sentido ir a Jesús para estar con Él unos minutos y regresar al trabajo sin haber dejado nuestras cargas a sus pies. Y las cargas se depositan a los pies del Maestro cuando pasamos tiempo con Él; tiempo de calidad, de compañerismo, de sosiego, de reposo, de oración callada. Alguien ha dicho que con nuestra tendencia tan mercantilista de definir a las personas en términos de lo que producen es un auténtico milagro que lleguemos a comprender la importancia del reposo, de la espera en el Señor.

 

La mejor cura de la ansiedad es la desaceleración. Si trabajamos más despacio todo irá mejor. Hemos de hacer las cosas "sin prisa, pero sin pausa", dijo alguien bastante acertadamente. Pero creo que otro fue quien acertó más exactamente al matizar que debemos hacer las cosas "sin prisa, pero con pausa". Nada tan terapéutico en medio del trabajo como las pausas. Recordemos que nadie puede obtener rendimiento en el estudio a menos que haga una pausa cada dos horas, caminando, escuchando música relajante, oxigenándose... Y la mejor manera de "oxigenarnos" es orando, dejando en las manos del Señor toda inquietud. Después, hay que practicar la "oración de la espera". Si creemos que el Bendito ha escuchado nuestra "oración en palabras", entonces dejar de orar de esa manera no será una expresión de falta de fe, sino de confianza en el Señor.

 

La "oración de la espera" es una operación de desaceleración. Se consiguen siempre mejores resultados desacelerando. De lo contrario nos volveremos adictos a una de las drogas más peligrosas, menos reconocidas, más aceptadas y momentáneamente más baratas: la adrenalina. La fabricamos nosotros mismos. Por eso nos parece "barata", pero su posterior factura suele ser altísima.

 

"Basta a cada día su propio mal... Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame... El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy... Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale." (Mateo 6:34; Lucas 9:23; Lucas 11:3; Lucas 17:4).

 

Vamos a elaborar más detalladamente sobre la ansiedad en nuestro siguiente epígrafe sobre el buen humor y la preocupación.

3.- El Buen Humor

y la Preocupación

 

"El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos." (Proverbios 17:22).

 

Hace unos días escuché a un querido hermano exclamar con cierto grado de insatisfacción que "últimamente, visitaba muchas iglesias en las que la gente daba la impresión que iban a pasarlo bien". ¿Qué se puede deducir de sus palabras, sino que en muchos cristianos subyace la idea de la solemnidad como algo triste y pesado? Conozco a muchas personas que siempre y sin excepción asocian a Dios exclusivamente con la muerte.

 

Decididamente, necesitamos recuperar el sentido de la celebración, de la fiesta. Si no festejamos la fe nos volveremos más estrechos que la silla de Calvino.

 

Apenas conozco iglesias en las que cada Domingo se celebre realmente la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Sí, ya lo sé. Se da por hecho. Pero todo lo que "damos por hecho" solemos dejar de hacerlo.

 

Los primeros cristianos "partían el pan con alegría y sencillez de corazón", dice el libro de los Hechos de los Apóstoles 2:46. Y todos sabéis que son numerosísimos los textos apostólicos en los que se nos insta a cantar con gozo y alegría, como cuando Pablo y Santiago se dirigen a las primeras comunidades y les dicen: "La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos a himnos y cánticos espirituales." (Colosenses 3:16). "¿Está alguno alegre? Cante alabanzas." (Santiago 5:13).

 

Tengamos presente que una de las características olvidadas de las sectas es su carencia de sentido del humor, sobre todo de humor respecto a ellos mismos. Sin embargo, Agustín de Hipona decía:

"Quien bien canta, dos veces ora."

 

Nos están diciendo por todas partes que la risa es terapéutica, y creo que todos estaremos de acuerdo en que no nos sobra la terapia en nuestras iglesias.

 

Hoy es un hecho científicamente probado que la estimulación de la risa sobre las glándulas de nuestro cuerpo es medicinal, incluso los temblores que suelen acompañar a la risa cuando ésta no está cohibida por las inhibiciones propias de nuestra sociedad hipócrita. Ya hace bastantes años que Pablo Neruda lo había dicho: "Quítame el pan, si quieres; quítame el aire, pero no me quites la risa."

 

Pero es absolutamente cierto que las preocupaciones impiden el buen humor, obstaculizan la alegría y el optimismo, bloquean la creatividad y sumergen nuestras almas en las profundas y oscuras aguas del pesimismo, es decir, del umbral de la derrota y el fracaso.

 

Sin embargo, Jesús nos dice: "No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido." (Lucas 12:22-23).

 

A continuación, Jesús nos invita a considerar los cuervos, los lirios de los campos, y después añade: "Mas buscad primeramente el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas." (Lucas 12:31).

 

Nos ayudará siempre conocer más y mejor las causas de la preocupación. No olvidemos que el desconocimiento es una de las más poderosas armas del malo -¡Dios le reprenda! La primera de las causas de la preocupación es nuestra desconfianza en la fidelidad de Dios. Y esta crisis de desconfianza siempre está relacionada con nuestros sentimientos de culpabilidad. Sin embargo, en un grado moderado, la preocupación tiene una función positiva, por cuanto actúa para que reaccionemos adecuadamente frente a una necesidad o peligro inmediatos.

 

Cuando llegamos a esta situación debemos dedicar tiempo a analizar qué parte de nuestra preocupación es inútil. Es decir, qué aspectos o elementos de nuestra preocupación son incapaces de producir ningún cambio positivo. Y discernir también cuáles son los aspectos o elementos que sí son positivos y constructivos, es decir, aquellos que efectivamente pueden contribuir a solucionar un problema o evitar un peligro. Este discernimiento es don del Espíritu Santo que hemos de pedir humildemente al Señor.

 

También para reducir las preocupaciones excesivas debemos reducir las cargas de trabajo amontonado sobre nuestras espaldas y necesitamos aprender a decir "no" en determinadas ocasiones.

 

Del mismo modo que establecemos nuestras metas y objetivos en función de los plazos corto, medio y largo, así también debemos discernir lo verdaderamente urgente, lo auténticamente necesario, y lo imprescindible, pues de lo contrario, perderemos nuestras "fronteras" y nos cosificarán, reduciéndonos a una herramienta que puede ser usada al antojo de los demás.

4.- La Soledad

 

La soledad es un peligrosísimo virus entre los seres humanos, y, naturalmente, también entre los ministros. La Sagrada Escritura es muy clara al respecto:

 

"Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante." (Eclesiastés 4:9-10).

 

"Otra vez os digo que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." (Mateo 18:19-20).

 

"Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él." (Génesis 2:18)

 

"Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno." (Marcos 10:7-8).

 

La mayoría de los pastores están sumidos en una profunda soledad, pero Jesús los envió de dos en dos: "Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos." (Marcos 6:7).

 

Recordemos también que Jesús no sólo buscó la intimidad con el Padre, sino que igualmente apreció y disfrutó del buen compañerismo con aquellos queridos discípulos íntimos, y la paz y solaz de la casa de aquellos hermanos -Lázaro, Marta y María- con quienes pasó ratos tranquilos y sosegados.

 

La soledad es a veces no sólo necesaria sino imprescindible. Necesitamos estar a solas durante 6 horas o más para preparar un sermón o un estudio bíblico.

 

También aprecio la soledad para mi lectura y estudio personal, para la oración privada y la meditación. De modo que la soledad es una bendición para determinados momentos y tareas, pero es una virulenta enfermedad en otras ocasiones. Y debemos reconocer que este síndrome del "Llanero Solitario" está muy extendido entre nosotros.

 

La soledad promueve el stress, y el stress conduce a la soledad. Un estudio realizado afirma que la soledad es el mayor factor de riesgo en las muertes prematuras, y agrega que los pastores estamos entre otros profesionales de mayor riesgo al respecto.

 

Igualmente, varios artículos de revistas ministeriales han publicado en los últimos años datos escalofriantes al respecto: La soledad entre los pastores es la primera causa en la depresión crónica, en el abandono del ministerio, y en los casos de infidelidad conyugal y divorcio.

 

En mis 29 años de experiencia pastoral he podido comprobar que siempre y sin excepción mis colegas, tan pronto han bajado la guardia y se han sentido seguros conmigo, han abierto su corazón para manifestar que se sentían solos, malentendidos, no apreciados o reconocidos, faltos de comprensión o afirmación, atrapados en medio del fuego cruzado de diáconos u otros líderes que llevaban años de "desencuentros interpersonales no amistosos", presionados a tomar partido, vistos como una amenaza por parte de líderes ministeriales con muchos años de mando y poca actitud de servicio, sumidos en el vacío y la frialdad y poca atención también de sus coberturas.

 

No me malentendáis. No me gustan las "jerarquías más o menos disfrazadas", pero estoy convencido de que tenemos una carencia, y nos estamos privando de un ministerio no-jerárquico

 

De un ministerio más bien relaciones personales, de apoyo, de compañerismo, de consulta, de afirmación y consuelo, amén de instrucción a las congregaciones sobre las expectativas realistas que deben tener de un pastor. Alguien tiene que explicar a las congregaciones cuáles son las prioridades de un pastor, y el propio ministro no puede ser la persona idónea para hacerlo. No se puede ser "juez y parte". Creo que este ministerio nos pagaría muy buenos dividendos.

5.- El Perdón

 

Como predicadores hablamos mucho acerca del perdón. Bien hacemos. Pero es menester que nosotros mismos lo practiquemos:

 

"No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová." (Levítico 19:18).

 

La única razón por la que no es fácil vencer el mal con el bien es porque no estamos fácilmente dispuestos a hacerlo.

 

La falta de perdón imposibilita la paz. Pero recordemos que la paz no es destruida por una discusión, sino por lo que provoca la disputa, la contienda, el resentimiento. ¿Cuál es la causa? El egoísmo y la soberbia.

 

Estos son los endurecedores del corazón. Son los venenos que vuelven los corazones frío y pétreos.

 

Los antiguos indios guaraníes deponían a su jefe cuando éste se enojaba y perdía el dominio propio, pues estaban convencidos de que quien no tiene autocontrol no puede decirle nada a la comunidad, y mucho menos construirla.

 

La paz que hermana a los pueblos y las razas es una urgentísima necesidad entre los pastores de las diversas familias o denominaciones cristianas: "Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa." (Gálatas 3:26-29).

 

La ausencia del perdón imposibilita la alegría, por cuanto la alegría cristiana de vivir es un don de Dios que fluye de la buena conciencia, y no hay posibilidad de buena conciencia cuando falta la praxis del perdón.

 

Los resentimientos y distanciamientos entre los ministros son unas piedras de escándalo que superan en mucho nuestra imaginación, hemos permitido que las cuestiones de visión, doctrinales y de orden cultual traigan entre ministros un alejamiento de la amistad, porque las heridas los desacuerdos y el rechazo que se hicieron traen consigo una barrera a veces difícil de franquear, pero hay que perdonar.

 

Nada puede tener profundidad en nuestro ministerio cuando el perdón es superficial y formal. Recordemos las palabras de Jesús enseñándonos que "sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama." (Lucas 7:47).

 

Descartemos todo concepto del perdón como fórmula, como ritual, como convencionalismo.

 

Abrámonos a la visión del perdón como una caricia.

 

En la Universidad de Ohio se experimentó con conejos administrándoles una dieta muy alta en colesterol. Todos comieron lo mismo. Pero sólo a un grupo de aquellos animalitos se les acarició cada día durante un rato. Después de unos meses, los conejos acariciados tenían un cincuenta por ciento menos de arteriosclerosis que los otros conejos, alimentados con la misma dieta, pero no acariciados.

 

Hay una carga de perdón en nuestras manos, en nuestra sonrisa, en nuestra voz, en nuestra mirada, en nuestras palabras, en la luz de nuestra presencia. Pero toda esa carga de amor se bloquea y no puede fluir cuando existe en nosotros la muralla del resentimiento, del perdón pendiente, que es la deuda más costosa y que mayor deterioro y desgaste puede producir en el ministerio.

 

No hay milagro mayor que el perdón y la reconciliación. Y nosotros hemos sido llamados a ser precisamente ministros de reconciliación:

 

"Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios." (2ª Corintios 5:18-20).

6.- No olvidemos

para Quién trabajamos:

 

"Más a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento... Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo." (2ª Corintios 2:14, 16-17).

 

"Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús." (2ª Corintios 4:5).

 

"Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, más el Espíritu vivifica." (2ª Corintios 3:4-6).

 

Si Dios es quien nos ha llamado al ministerio, es para Él para quien trabajamos. Las instituciones de formación teológica pueden concedernos grados académicos. Las asociaciones ministeriales pueden otorgarnos su membresía. La iglesia puede darnos una asignación económica mensualmente, pero las órdenes las recibimos del Príncipe de los pastores.

 

Dice un cuento jasídico que un rabino le encargó a un discípulo muy devoto suyo que tomara un cuenco de leche lleno hasta el borde, y que se pasease durante un par de horas por la ciudad, y luego regresara a la casa de estudio sin haber derramado ni una sola gota. El discípulo hizo lo que el maestro le encargó. Al regresar, el rabino le preguntó: "¿Cuántas veces te has acordado de mí mientras paseabas por la ciudad?" A lo que el estudiante respondió: "Ni una sola vez, maestro. ¿Cómo podría hacerlo si tenía que estar pendiente del cuenco para que no se derramara ni una sola gota de leche?"

 

Por eso es tan importante que observemos a Jesús en las Escrituras y aprendamos de sus actitudes hacia las personas. Estudiemos los "encuentros" de Jesús con los hombres y mujeres cansados, cargados de pecados, enfermos, marginados, o encumbrados en su orgullo y soberbia. Este estudio nos ayudará a administrar y dosificar nuestro tiempo con aquellos que nos necesitan, en vez de desperdiciarlo con quienes sólo quiere entretener y ser entretenidos.

 

Las cosas nos absorben y nos embotan la mente. Perdemos la paz y la paciencia para orar. Por eso es tan importante clavar los ojos en Jesús. Sólo con la mirada en el Maestro vamos a gozar de la paciencia, porque ésta es hija de la esperanza. Y como decía San Juan de la Cruz: "Tanto se alcanza cuanto se espera".

 

Dediquemos tiempo a las almas, escuchemos su dolor, y apliquemos la medicina del Evangelio.

 

Dediquemos tiempo a las personas. No olvidemos que no enseñamos primeramente doctrina, sino primeramente enseñamos a personas. Y las doctrinas han de ser vividas para poder ser compartidas.

 

"Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decir: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos." (Lucas 17:10).

 

Hemos sido distinguidos por el Señor para el servicio. No somos los "mayores". Somos "ministros", del latín "minus", "menores", "pequeños":

 

"Sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve." (Lucas 22:26-27).

 

Jesús sirve a la mesa, lava los pies de los discípulos, muestra la autoridad como servicio, ejerce el poder desde abajo, y es siervo hasta la muerte, y muerte de cruz.

 

Necesitamos recuperar el sentido de "siervos inútiles", es decir, incapaces de hacer nada por nosotros mismos; inútiles en el sentido de carentes de valor, excepto el precio pagado por nosotros, que es la sangre de Jesucristo....

 

Tampoco tiene que creerse indispensable, pues otro en su puesto podría hacer lo mismo, quizás hasta mejor.

 

No hay mayor alegría que ver que estamos colaborando con Cristo en la Obra de la extensión del Evangelio de la Gracia y del Reino de Dios, y que a pesar de nuestros fallos y limitaciones, las alas del Espíritu Santo están en todo momento a nuestra disposición, no para huir volando del desierto en que a veces se encuentra la iglesia, por nuestra propia carnalidad, sino para llevarnos hasta el trono de la Gracia y de la Majestad en las Alturas, donde hallaremos siempre la unción y el oportuno socorro para proseguir a la meta, al supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:14).

 

Entreguemos al Espíritu del Señor la tensión y el peso de nuestras almas, mientras confesamos la hermosura de la paz de Dios que es nuestra herencia en Cristo Jesús.

 

Muchas gracias por vuestra atención y que el Señor os bendiga.

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Comentarios: 7
  • #1

    Jesús Piedra Robledo (miércoles, 04 julio 2012 09:56)

    Buenos dias, hoy leí esta reflexión y fue de gran bendición para mi vida, soy pastor.
    Dios bendiga abundantemente su ministerio.

  • #2

    Paola Ochoa (miércoles, 12 diciembre 2012 01:16)

    Muchas gracias. Me dio aliento.
    Lo necesitaba..bendiciones!!! :)

  • #3

    milagros larrea (miércoles, 25 diciembre 2013)

    Es un estudio edificante y edificante. Lo recomendaé a otro siervos para su apredizaje. Dios les bendiga ricamente a este ministerio.

  • #4

    Dolores (viernes, 15 mayo 2015 18:59)

    Excelente recurso. Éxitos y adelante en el Señor. Dios les bendiga.

  • #5

    Pedro Maldonado (viernes, 11 diciembre 2015 19:40)

    Me parece excelente su exposición y desarrollo del tema, precisamente nuestra iglesia esta pasando por una crisis, que a mi juicio se ha generado por, una falta de agenda propia del Pastor y por olvidar por Quien y para Quien se trabaja.
    Que El Señor lo continúe bendiciendo en su trabajo ministerial.

  • #6

    Caro (viernes, 04 marzo 2016 07:49)

    Excelenteeeeeeeee amados siervos del SEÑOR gracias por este pan verdadero, crujiente y nutriente para huesos secos. Dios les guarde irreprensibles hasta su cercano retorno. Abrazos en CRISTO EL SEÑOR.

  • #7

    Laura (domingo, 13 marzo 2016 01:04)

    Gracias por este mensaje fue una respuesta a mi oración Dios le bendiga y prospere

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Hola, unción de lo alto les desea hermosas y abundantes bendiciones y que el Dios de toda gracia les conceda las peticiones de sus corazones, les animamos a que sigamos adelante con nuevos propósitos y proyectos en Cristo para la honra y gloria de su santo nombre, a no escatimar esfuerzos sabiendo que la obra de nuestras manos no es en vano, por lo que ponemos en sus manos estos pequeños panes y peces y que el Señor lo multiplique en su corazon, y como dice su palabra, no nos cansemos de sembrar que a su tiempo segaremos, bendiciones a todos nuestros Hnos, amigos y siervos en Cristo, asi, como a toda la familia en la fé les deseamos los pastores  Martha  y Daniel. Iglesia Mundo de fe Renacimiento en Acapulco Gro.

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