EL AMOR, ES LA VARA

DE LA DISCIPLINA

 

 

El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige. Proverbios 13.24

 

En los dos capítulos inmediatamente anteriores, se puso el cimiento para el uso de la vara en el hogar cristiano. De veras, tratamos con principios que requieren balance. Si se usan unidos todos estos principios, son poderosos. Si no, son devastadores. Si pones por obra lo que hemos estado estudiando en los dos capítulos anteriores, pero niegas los siguientes, vas a criar hijos necios e incontrolables, que no le servirán a Dios y a ti te traerán vergüenza. En otras palabras, como se ha dicho anteriormente, si te niegas a relacionarte cariñosamente con tus hijos, pero sí los castigas con la vara, vas a criar a hijos que te despreciarán, aunque te obedezcan por temor y legalismo. Sí, ellos actuarán como androides en lugar de hijos amantes.

 

Ahora, quiero expresarte el objetivo de este capítulo: convencerte que el uso de la vara es una de las acciones más amorosas que puedes llevar a cabo con tus hijos. Sí, esta divina práctica está en la misma categoría de “muy amorosa” como el visitar el zoológico con tus hijos o como decirles palabras positivas o de superación. De hecho, trataré de convencerte que es pecado no usar la vara en la crianza de los hijos. La Palabra de Dios habla muy claramente sobre el asunto. Bueno, la versión española dice “El que detiene el castigo”, pero la versión Autorizada en inglés dice “El que detiene la vara”. Estudiando el versículo de la cita en el idioma hebreo, se nota que la palabra hebrea de la que se tradujo “castigo” se traduce literalmente como “vara”. Por lo tanto, se puede sustituir la palabra “castigo” en el versículo de la cita con la palabra “vara”, de modo que en este libro, se usará esta palabra. Según la cita, no es una opción, o sea uno no puede escoger entre usar la vara o no usarla. Mas bien, no usar la vara es pecado de omisión, que conlleva graves resultados. “Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.” (Hebreos 12.8)

 

En cierta ocasión, nos estuvo visitando una preciosa familia que no creía en el castigar con la vara. Para mí, era muy interesante el observar la relación que se daba entre los padres y los hijos de esa familia, pues era la primera ocasión en que conocí personalmente a personas con tal creencia. Los hijos de esa familia eran muy activos, y siempre tocaban las cosas que en mi casa no se debían tocar. Durante su visita, yo solamente fui un observador, mientras que los padres les rogaban calmadamente a sus hijos que se comportasen bien y se quedasen quietos. Y, por un momento, los hijos sí les obedecían, pero prontamente se ponían de pie e iban en búsqueda de algo para divertirse. Luego, los padres se les acercaban de nuevo, diciéndoles —Por favor Susana, cálmate y quédate quieta.

 

A mí me quedó claro quién fue el director durante aquella tarde. Sentí tristeza por esos padres, y oré por ellos en mi corazón, porque de veras ellos no hicieron una visita relajante. Anteriormente, ellos me habían dicho decididamente, —Nosotros no creemos en el castigar a los hijos con la vara, pues hay otras maneras para motivar a los niños a la obediencia. —No obstante, yo sabía que ellos vivían en la ignorancia y anhelaba que ambos, padres e hijos, pudieran ser librados para gozarse los unos de los otros.

 

Tres años después de aquella visita a nuestro hogar, una persona ajena le dio a esa pareja una copia de la grabación de mis sermones, El hogar piadoso. Además, el Señor les había dado otro precioso hijo, y él les estaba poniendo a prueba hasta el máximo a su teología acerca de la crianza de niños. Por esta razón, esa pareja escuchó los sermones con renovado interés, y al escuchar con corazón abierto el sermón sobre la aplicación de la vara para disciplinar, se dieron cuenta de su error. Así, el padre añadió el uso de la vara a sus otras maneras de demostrar cariño y luego dio el siguiente testimonio: “Mi vida hogareña ha aprovechado mucho con la aplicación de esto y siempre será algo bueno en lo sucesivo.”

 

Cuando predico sobre la disciplina en la vida de los hijos, siempre traigo conmigo una palita al culto. Mientras predico el sermón, de vez en cuando la muestro a la audiencia. Los distintos modos de responder a esta acción me son interesantes. Algunas personas ni quieren mirarla y dirigen su vista para otro lado. Los niños generalmente escuchan ese sermón con mucha atención… ¡quieren escuchar lo que el predicador dice acerca de castigar con la vara! Parece ser que ellos entienden que este sermón les va a afectar su futuro.

Una cierta madre me compartió su testimonio acerca de la reacción de su hijo al recibir un castigo con la vara. Ella había escuchado mi sermón grabado sobre la disciplina y se convenció que debía empezar la práctica de aplicar castigos con la vara. Bueno, el día llegó en que se vio en la necesidad de poner por obra lo que había aprendido. Agarró a su hijito y lo colocó sobre sus rodillas, listo para iniciar la aplicación que había aprendido en el sermón. De repente, su hijito gritó, —¡Espere, mamá! Tengo dudas acerca de ese hermano Denny. ¡Puede ser que él sea un falso profeta! —¡Que hijo tan inteligente! Pero su aviso no le sirvió de nada, pues la madre de todos modos le dio el castigo que necesitaba.

 

Entiendo que la razón de ser de los distintos modos de pensar acerca de la vara, proviene de lo que cada uno ha experimentado acerca de ella en su niñez. Tal vez, tu padre o tu madre la usaron erróneamente y a razón de esto tú tienes inquietudes acerca de su uso en la crianza de los niños. Bueno, es mi deseo que cambie tu modo de pensar, por la gracia de Dios. Quiero demostrarte por medio del Espíritu Santo, que el uso de la vara para castigar no es una mala y odiosa práctica, mas bien es uno de las tiernos y cariñosos métodos que Dios ha ordenado para que guíes a tus hijos hasta que sean un piadoso testimonio en la tierra.

 

En nuestro hogar, ocupamos la vara para castigar. Se necesita más con los menores que con los mayores de edad. Aunque les aplicamos castigos con la vara, nuestros hijos siguen amándonos. De hecho, mis hijos me aman y me honran más de lo que me merezco; tanto que a veces me encuentro en mi casa llorando de gozo a razón de la honra y el amor que me demuestran. Yo creo que una de las razones del porqué ellos me aman y me honran tanto es porque yo les disciplino cuando ellos están andando mal.

 

Tal vez esto te sorprenderá, pero muchas veces luego de castigarlos con la vara, mis hijos se me han acercado para decirme: —Papá, gracias. Gracias por ese castigo que me diste con la vara. Yo lo merecía.

 

Recuerdo haber escuchado a Samuel, cuando él era todavía muy chico, decir a menudo: —No me gustan los castigos con la vara mientras los estoy recibiendo, pero me gusta tanto el sentimiento que llega a mi corazón luego de recibirlos.

 

En adelante, vamos a aprender la razón del porqué los hijos vienen a decirte “gracias”, luego de haber recibido un castigo con la vara. Tal vez tú no crees que mis hijos hacen esto, pero al terminar este capítulo, creo que vas a rechazar tus dudas.

La mentira del diablo

 

El diablo nos ha mentido, y nosotros nos hemos tragado por completo esa sutil falsedad. Esta mentira dice que castigar con la vara a los hijos es una forma negativa de disciplinar, cuando en realidad es una de las formas más positivas que existen. Sí, existen otras formas de disciplinar, pero vamos a tratarlas en adelante.

 

Si el leer los párrafos inmediatamente anteriores te ha hecho sentir incómodo, debe ser porque tú has absorbido más de las filosofías del mundo de lo que pensabas. Si es una realidad que has aceptado el modo de pensar del mundo, te toca reconocerlo en tu corazón, diciéndole a Dios: —Dios, puede ser que yo no analizaba este asunto correctamente. Por favor, enséñame y muéstrame dónde he fallado. —Con tal humilde actitud, tu corazón se abrirá a la luz y las mentiras del diablo serán descubiertas.

 

¡Oh! ¡El poder misterioso de la vara en la disciplina! ¡Tantas maravillas contiene ella! Ella traerá orden a donde había caos, paz a donde había alboroto y confusión, libertad a donde había esclavitud, y celo a donde había apatía. En vista de esto, se puede descubrir el porqué el enemigo está trabajando con delirio para convencer al pueblo de Dios que castigar con la vara es malo. En realidad, más y más personas se están dejando engañar en el mundo actual. Si Dios no le concede avivamiento a nuestra tierra, cambiando el rumbo de nuestros países, nuestros ojos verán el día en que será ilegal el castigar con vara. En algunos países, ya es ilegal castigar con la vara, y algunos cristianos tienen miedo hacerlo, pues no quieren ir a parar a la cárcel.

 

Muchas personas reaccionan en contra de la enseñanza y práctica del castigo bíblico. El mundo dice: “Es crueldad, es opresión, el niño va a odiarte. Castigar con la vara resultará en rebelión en el corazón de tus hijos.” Y muchas personas del pueblo de Dios están coqueteando con tales declaraciones, entreteniendo ideas acerca de que el castigar con la vara es demasiado severo. ¡No creas tales ideas! ¡Son grandes mentiras! Realmente, el uso correcto de la vara al castigar a tus hijos, los hará ser niños felices y radiantes, que te amarán y respetarán. Los que se han negado al uso correcto de la vara son los que han sido llevados a un hogar para ancianos en su vejez (en lugar de ser cuidados por sus hijos). ¿Alguna vez has reflexionado sobre la conexión entre los hijos malcriados y los hogares para ancianos? En los EE.UU., tales hogares para ancianos están llenos hasta no caber. ¿Por qué sucede esto? ¿Quiénes están mandando a sus padres a tales hogares, para que sean cuidados casi como se cuidan a los animales? Me pregunto cuántos de esos padres entienden que la razón de haber sido llevados a tales hogares es, en parte, consecuencia de no haber castigado con la vara y por la falta de criar bien a sus hijos. ¡Que tristeza da, que esos hogares para ancianos están llenos de personas solitarias y tristes, quienes raras veces reciben visitas de sus hijos!

 

Hace poco tiempo, alguien me preguntó acerca de lo que yo iba a hacer luego de jubilarme. Yo no acepto la condición de jubilarse, pero entendí su pregunta. Le contesté a esa persona, diciéndole con una gran sonrisa, —Estoy invirtiendo mi vida en criar a mis ocho hijos. Estoy seguro que ellos van a cuidarme cuando yo sea incapaz de cuidarme a mí mismo.

El amor natural y el amor espiritual

Existe un amor natural y existe un amor espiritual. Antes de continuar en nuestro estudio sobre el uso de la vara, debemos diferenciar más detalladamente entre estas dos clases de amor.

 

Es preciso tener ambos tipos de amor hacia nuestros hijos. Al decir “amor natural”, quiero decir nuestras emociones y las compasiones que sentimos para ellos. Tal amor es hermoso, y es preciso que tal amor mane de nosotros hacia nuestros hijos, tanto para que ellos puedan sentirlo. No obstante, muchas veces el castigar con la vara va en contra de nuestro amor natural. Si tú dices, “Yo nunca podría aplicarles un castigo con la vara a mis hijos. No puedo aguantarme ver su dolor o verlos llorar”, es que estás siendo motivado por el amor natural. Además, tengo que decir que tienes miopía espiritual, ya que no puedes ver los resultados a largo plazo al usar el castigo con la vara. Si nuestro amor natural nos detiene de castigar con la vara, debemos crucificar ese amor, reemplazándolo con el amor espiritual, que es lo mismo que el amor ágape. Este amor espiritual es el amor de Dios, que es amor que ama por principio y no por las emociones. El Espíritu Santo ha inspirado unas muy poderosas palabras para animarnos a llevar a cabo este amor espiritual. La cuestión es, ¿Qué deseas para tus hijos? La Biblia dice que si se usa la vara amorosamente, lo siguiente resultará:

·Tus hijos recibirán sabiduría. (Proverbios 29.15)

·La maldad se lavará de sus corazones. (Proverbios 20.34)

·El amor se expresará en ellos. (Hebreos 12.6)

·Se producirá una conciencia limpia. (Proverbios 20.34)

·Detendrás a tus hijos de entrar al infierno. (Proverbios 23.11)

·Traerá un orden calmado y quieto a tu hogar y a la vida de tu hijo. (Hebreos 12.11)

 

·Alejará la necedad de tu hijo. (¡Por naturaleza, todos los niños la tienen en su corazón!) (Proverbios 22.15)

Un mensaje silente

de amor o de odio

 

El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.

Proverbios 13.24

 

¿Cuál mensaje quieres transmitir a tu hijo, “te amo”, o “te odio”? Según el versículo de la cita, nosotros tenemos la oportunidad de decidir cuál vamos a escoger. En realidad, solo tenemos dos opciones; nuestros hijos recibirán la una o la otra.

 

En el estudio de este versículo, haré resaltar cinco palabras. Tú debes hacer lo mismo, pues ellas son las palabras claves del versículo. Antes de ir más adelante en nuestro estudio, voy a definirte más ampliamente (agregándoles el sentido del idioma hebreo) estas cinco palabras claves.

·Detiene: Quiere decir “frenar”, “retener” o “tardar”, o puede ser “usar escasamente”.

·Aborrece: Quiere decir “odiar”, o “enfrentarse con el enemigo”.

·Ama: Quiere decir “estar de pie con los brazos abiertos y listo para recibir”.

·Desde temprano: Quiere decir “temprano en la vida”, o “pronto, una y otra vez”.

Ahora bien, según este versículo, si nos frenamos en usar la vara o la retenemos, odiamos a nuestros hijos. Sé que tal sentencia parece ser muy pesada, pero Dios es quién la ha proclamado. Por cierto, si usar escasamente la vara para castigar es “aborrecer” a nuestros hijos, ¿cuánto más odioso es dejarla por completo? Dios, quien nos ha creado y conoce nuestras debilidades, nos está dando aviso en este versículo. Él conoce la tendencia que tenemos de ser flojos en este ejercicio. Existen muchos razonamientos para negarnos en el uso de la vara: estamos demasiado ocupados en el momento preciso; es una molestia; o queremos escaparnos de este deber desagradable. Sea como sea, Dios proclama que el detener el uso de la vara es odiar. “El que detiene… aborrece.”

 

Ahora vamos a tratar la palabra “aborrece”. En el idioma hebreo, esta palabra muchas veces se da juntamente con un retrato mental el cual es muy aturdidor. El espíritu del retrato se revela patentemente: un hombre de pie, enfrentándose con su enemigo. Este hombre no dice nada, pero no es necesario, pues el mensaje que irradia su aspecto se escucha con bastante claridad: el enemigo entiende muy bien que él es odiado.

 

Este mismo mensaje se irradia de nosotros hacia nuestros hijos si detenemos el uso de la vara cuando realmente se necesita. Quizá tú estás diciendo, “Pero no siento tal odio en mi corazón hacia mi hijo.” Estoy seguro que tú estás diciendo la verdad, sin embargo, Dios dice que detener la vara es aborrecer. El punto del caso es el de la negligencia. Nuestra negligencia en castigar “desde temprano” remite un mensaje silencioso del odio a nuestros hijos. Anteriormente, se refirió a la negligencia de la instrucción correcta y a la confusión que esto obrará en nuestra relación con nuestros hijos. Ahora bien, a continuación se da una aplicación práctica de cómo eso obra: no castigar con la vara o castigar escasamente, resultará en un montón de frustradas “correcciones” de parte de los padres, lo cual luego resultará en que el hijo nunca se sentirá limpio en su corazón por sus errores. Y todo esto, resultará en un obstáculo en la relación entre el padre y el hijo.

 

En cambio, si el padre administra el castigo apropiado y la limpieza de conciencia que esto conlleva, un espíritu de amor se remite al hijo. Igual que la palabra “aborrece”, la palabra hebrea que se tradujo “ama” es una palabra de retrato: Una persona de pie con los brazos abiertos para recibir. En la época cuando mis hijas, Ana y Ester, eran muy pequeñas aún y yo regresaba de algún viaje de predicar, ellas corrían a mi encuentro para saludarme. Yo siempre me arrodillé, para ponerme a su nivel, y alargué mis manos para recibirlas con un gran abrazo. Este es el retrato de la palabra hebrea “ama”.

 

A muchas personas, les es difícil entender cómo el castigar con la vara pueda ser una expresión de amor. Usualmente, tales personas han experimentado algo malo en su niñez. Para mí, es una gran tristeza que nosotros, la generación actual de estadounidenses, ya somos la tercera generación seguida que no recibimos el castigo correcto. Creo que a esto se debe el porqué de implementar leyes en contra del castigar con vara. Pero, ¿Qué debemos hacer ahora? ¿Debemos conformarnos al espíritu de la era o debemos hacer caso a los eternos principios de la Palabra de Dios? Dios dice que el castigar con la vara es una expresión de amor. De hecho, al castigar correctamente a nuestros hijos, les decimos “te amo”. En el capítulo siguiente, voy a explicar detalladamente del modo que usamos para castigar con la vara. Creo que tú, al leer esto, estarás de acuerdo que el castigo bíblico es una rebosante expresión de amor y una piedra fundamental en la edificación de una cariñosa relación entre el padre y su hijo.

 

Ahora vamos a enfocarnos en las palabras “desde temprano”. Esta frase quiere decir “temprano”, o “en el inicio de la vida”. Una pregunta que a menudo se me hace es: “¿Cuándo debo comenzar a aplicar el castigo con la vara a mi hijo? Bueno, queda patente que debemos comenzar temprano en la vida de un niño. Pero, hay que ajustar el castigo según el tamaño del niño. Voy a tocar este punto más en detalle adelante. Otra manera de definir la frase “desde temprano” es decir “pronto, una y otra vez”, o sea “repetidamente”.

 

Ahora pues, vamos a parafrasear este versículo, juntando todas las definiciones ampliadas. “El que usa escasamente la vara para castigar a su hijo, le manifiesta un espíritu de odio, pero el que quiere manifestar un espíritu de amor hacia él, la aplicará pronto y correctamente, una y otra vez”.

Hijos sin padre

 

Existen muchas promesas en el Nuevo Pacto las cuales Dios le ha dado a su pueblo. Nos regocijamos por todas ellas. No obstante, para mí, la más importante es la que dice que él va a ser nuestro Padre. Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.” (2 Corintios 6.18)

 

Esta promesa del Padre es una promesa toda-inclusiva, pues contiene todas las otras promesas en sí. Nos regocijamos en la cobertura consoladora del amor del Padre. Antes bien, una parte de esta cobertura amorosa implica recibir el castigo de parte de él. Hebreos 12.5-13 nos recuerda que nuestro Padre Celestial nos castigará usando la vara con cierta frecuencia, o sea “desde temprano”. El asunto queda bien claro: castigar con la vara es una tierna expresión del amor del Padre hacia nosotros, y si no se nos aplica, somos hijos e hijas sin padre.

 

Amados padres y madres, pongámonos de acuerdo otra vez, en cuanto a este asunto sumamente importante. Nosotros los padres representamos a Dios ante nuestros hijos. La percepción de nuestros hijos con respecto a Dios se ve muy afectada a causa de lo que experimentan con nosotros. Si rehusamos castigarlos con la vara, o si nos refrenamos de aplicarla lo suficiente, o la aplicamos severa y enojadamente, ¿cómo afectaremos con esto la percepción de Dios en nuestros hijos? Además, debemos considerar lo siguiente: si les negamos el uso de la vara, nuestros hijos son como hijos sin padre, aunque su padre viva en la misma casa. O se puede decir, que tales hijos tienen un padre que no los ama: son como los “bastardos”, los hijos ilegítimos.  

Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.

Hebreos 12.6

De seguro, podemos aplicar este versículo en nuestros hogares. Todos los hijos e hijas que vivan bajo el cuidado y la bendición de un padre recibirán castigo de él. Los hijos que no reciben corrección de su padre no son amados por él, pues, el padre castigará al que ama.

 

Haciendo tales graves proclamaciones, no estoy estirando la interpretación o la aplicación de estos versículos. ¡Hermanos! Ahora es tiempo que despertemos a la responsabilidad que debemos llevar como padres, antes de que vengan las terribles consecuencias por la desobediencia. Somos responsables de nuestra negligencia, y tendremos que darle cuenta a Dios, quien nos dio a nuestros preciosos hijos. Además, hay que tomar muy en cuenta a nuestros hijos: fíjate en lo que le hace falta a ellos. Si ellos no están recibiendo el amante castigo con la vara, les hace falta una de las experiencias más tiernas y provechosas de su vida. Y, ustedes, los padres que rehúsan dárselas, están perdiendo algo también.

 

Reflexiona sobre el dilema actual de nuestros países. Hay millones de hijos que se están criando sin padres. ¡Es una tragedia! ¿De dónde vino esta maldición? ¿Acaso es el fruto de tener varias generaciones de hijos que se criaron con un padre que a la vez era como si estuviese ausente? Yo creo que sí, pero ¿quién va a romper el ciclo, la cadena de irresponsabilidad? El diablo nos ha cegado, pero con mucha sutilidad, pues él sabe qué tremendos resultados puede traer la libertad a la siguiente generación. Como dice el canto, “Levántense oh hombres piadosos, rechácense a lo inferior.” Luego, debemos hacer volver nuestro corazón hacia nuestros hijos, antes de que se pierda otra generación en el mundo.

Una paradoja

 

La disciplina bíblica produce un rico y completo amor entre el padre, la madre y el hijo. Puede ser que este concepto sea difícil de entender para algunos que no lo hayan experimentado, pero es verídico y libre de cualquier duda. He aconsejado a muchos muchachos en los servicios de las campañas para jóvenes que nuestra iglesia organiza anualmente. Durante tales consejerías, hay una declaración que escucho a menudo, viene de parte de jóvenes que están pasando feroces pruebas.

La declaración es la siguiente: “Nunca he podido relacionarme bien con mi padre. Nosotros no podemos compartir nuestros corazones el uno al otro, y me siento como un extraño con él.” ¿ Ha escuchado alguna vez algo similar? ¿Qué dirían tus hijos jóvenes, si alguien les preguntara acerca de su relación contigo? Es seguro que existan muchas razones por las que un niño se sienta como un extraño ante sus padres, pero es claro que la falta de disciplina amorosa es una de ellas. La disciplina amorosa produce una íntima relación entre los que la experimentan, ambos, padres e hijos. Mis hijos son muy amigos conmigo y podemos platicar abiertamente sobre cualquier asunto. Cuando nos vemos en la necesidad de castigar con la vara, el corazón de mis hijos y el mío se unen más. Sé que esto te puede sonar muy extraño al escucharlo por primera vez, ¡pero es verdad! Sí, es una de las paradojas bíblicas. Los caminos de Dios no son los caminos del hombre. (Isaías 55.8) Lo que he dicho es una fascinante paradoja que no tiene sentido en la mente carnal. Al igual que la Biblia nos enseña de que la manera para subir es bajar, la manera de edificar una íntima relación con tus hijos es aplicando el castigo con la vara, cuando se necesite.

 

Ahora, consideremos otro versículo:

 

Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo.

(Proverbios 19.18)

 

Dios comienza este versículo con el mandamiento “Castiga a tu hijo”. No es necesario decir más en cuanto a esta frase, pues ha quedado lo suficientemente clara. De todas formas, quiero que nos enfoquemos en dos puntos centrales en el resto de este versículo.

 

Primero, miremos la frase que dice, “en tanto que hay esperanza”. Lo que significa esta frase es que vendrá un tiempo en que ya no habrá esperanza. O bien se puede decir, vendrá el día en que castigar con la vara no producirá los resultados deseados. Por esto, Dios nos ha dado este versículo para motivarnos. Él está diciéndonos: “castiga a tu hijo con la vara en tanto que estén flexibles y manejables.” Es como el vástago: se puede ayudarle a crezca recto mientras él es pequeño. Pero cuando él haya llegado a los cinco años de edad, no se podrá enderezar: ya no hay esperanza, habrá que vivir con un árbol torcido.

 

Entonces, castiga a tus hijos en tanto sean flexibles. Es preciso que nos demos cuenta de este motivador versículo ahora, pues vendrá el día en que ya no podrás corregir a tus hijos con la vara.

 

Ahora vamos a tratar la segunda frase clave de este versículo. Tenemos un Dios sabio y amante quien nos conoce hasta lo más profundo. Así es como él ha puesto esta admonición en la Biblia para nosotros. Además, Dios sabe que estamos constituidos de carne, con un amor natural hacia nuestros hijos. No es malo tener amor natural hacia nuestros hijos, pero este amor necesita ser respaldado con el amor espiritual, el amor ágape descrito en 1 Corintios 13. Así que, Dios termina el versículo de la cita con un suave recuerdo para nuestro corazón, “no se apresure tu alma para destruirlo.” ¿Cómo podemos apresurarnos para destruir a nuestro hijo? Una manera es la de aplicar el castigo muy apresuradamente, haciéndolo a medias. Pues es desconsolante ver a un niño llorar, a veces no queremos seguir con el castigo, aunque sabemos que los niños empiezan a llorar aun antes de recibir el castigo. Por eso, Dios nos ha dado esta frase para animarnos a cumplir el castigo. Unos 4 o 5 azotecitos a la ligera no sirven; se debe aplicar un castigo suficiente para que el niño haga caso.

 

En el siguiente capítulo, voy a tratar con más detalle el cómo aplicar un castigo con la vara. Pues los niños son muy inteligentes, ellos saben que si se da un fuerte grito, como que si estuvieren por morir, muchas veces los padres terminarán el castigo antes de que realmente se haya efectuado algo positivo. No obstante, Dios es más inteligente que los niños y él sabe que ellos lo necesitan. Así, él nos ha dado este aviso a los padres: No destruyas a tu hijo, haciendo caso a sus engañosos gritos. Cuando predico este mensaje a un grupo de personas, a veces les he preguntado a los niños si ellos gritan como locos para evitar el castigo con la vara. ¡Siempre afirman que sí, lo hacen! La razón de ver a tu hijo llorando no es buena razón para detener un castigo merecido. Sé que esto puede parecer como malicioso, pero no lo es. Dios nos ha revelado en su Palabra que es correcto aplicar un castigo merecido, aunque el niño esté llorando, para así no destruir a nuestros hijos.

Dale a tu hijo un avivamiento

 

Los azotes que hieren son medicina para el malo, y el castigo purifica el corazón.

Proverbios 20.30

 

El uso apropiado de la vara en la disciplina es uno de los métodos de Dios para limpiar la conciencia de tus hijos. Me parece que es muy importante que nos enfoquemos en este aspecto de la disciplina por un rato. Tal vez sea algo nuevo para ti. Ten paciencia conmigo mientras trato de explicarte cómo obra ella. Luego de haber leído mi explicación, creo que vas a estar de acuerdo conmigo.

 

¿Alguna vez has experimentado un avivamiento en tu vida personal? Creo que muchos de los lectores de este libro sí conocen la dulce experiencia de responder a los llamados de Dios, ya sea porque se dieron en una campaña de avivamiento o que los recibieron en su casa, quebrantando así su corazón ante Dios. En tales ocasiones, él nos muestra nuestras fallas, y nosotros respondemos, llorando y confesando a él todas nuestras faltas. Y con un corazón contrito, clamamos a Dios para que nos perdone y limpie por medio de la sangre de Jesús. ¡Que limpieza! ¡Que quebrantamiento y dulzura hay en nuestro corazón luego de tal avivamiento! ¡Cuánto gozo, bendición, blandura y obediencia empiezan a obrar en nuestro ser!

 

Ahora bien, hermanos y hermanas, la vara usada en la disciplina es el método dado por Dios para producir lo mismo en tus hijos. Los niños no entienden el cómo arreglar sus cuentas con Dios. Tampoco entienden el poder de la sangre de Cristo. No obstante, Dios ha proveído un camino para producir un cambio de actitud en ellos, del modo que nosotros lo recibimos al nacer de nuevo. Se debe aclarar que este cambio de actitud no será permanente, pues solamente el nuevo nacimiento puede efectuar eso, pero en sí, el castigo con la vara efectúa un tipo de cambio en la actitud de un niño. Y el mismo ablanda su corazón y limpia su conciencia, pues el niño desobediente sabe que merece el castigo. Al recibir su castigo merecido, el niño se siente librado, pues ya ha recibido su debida “paga”. Voy a recalcar, esta limpieza de conciencia no es el nacer de nuevo, por lo que el niño tendrá que experimentar esta situación una y otra vez, hasta que sí nazca de nuevo. Al aplicarle un castigo apropiado con la vara a tu hijo, esto le puede proveer de un tipo de avivamiento, y Dios quiere usarte para que les ayudes a experimentarlo.

 

Este avivamiento, un estado de libertad, gozo y limpieza, es exactamente lo que el versículo arriba citado describe. Cuando nuestros hijos yerran, al desobedecer nuestras reglas, su conciencia se siente culpable. Dios diseñó la conciencia para que funcionara de este modo, tal que cuando su conciencia se siente culpable, una nube desciende sobre su aspecto. Si tú eres un padre que discierne, podrás notárselos en su cara. A veces, una buena charla con el padre o la madre, confesando su error, puede “limpiar el ambiente”, y el niño se sentirá librado. No obstante, hay casos en los que el niño elige guardar silencio en cuanto a sus pecados. En tales casos, la nube se queda sobre su vida y, comúnmente, este niño se mete en más líos.

 

Dios en su sabiduría nos ha dado el principio de castigar con la vara en tales casos de trasgresiones no confesadas. Al hijo que elige esconder su pecado, necesita un buen castigo con la vara, para librarle su conciencia. Algunos padres dejan que la nube cubra a su hijo durante días seguidos. Éste es un grave error para todos, pues el espíritu del hijo y su conducta atormentan todo el hogar. No hay tranquilidad en tal hogar, cuando hay un niño con conciencia nublada. En vista de esto, nos toca a los padres administrarle una amante disciplina al hijo errante. De hecho, la disciplina es una parte de la acción de gobernar un hogar. Fíjate en las claras y pesadas palabras que Dios ocupa en el versículo de la cita: él dice que los “azotes…son medicina” y “el castigo purifica el corazón”. En realidad, este versículo describe la profunda obra que ocurre en la conciencia. Un apropiado castigo limpia la maldad; la limpia de ese deseo por lo malicioso, y de la culpabilidad que ella trae consigo. ¡Es hermoso! Padres, ¿ahora pueden visualizar el poder que existe en el principio de castigar con la vara, para provecho de sus hijos? Aplicado de la manera correcta, el castigo con la vara puede traerles a tus hijos libertad, gozo y bendiciones, las cuales son dádivas de Dios para ellos. Y en un sentido, tú y yo somos los administradores de tal bendecida vida; eso sí, si seguimos los principios de Dios.

 

Un niño que tiene una conciencia limpia llevará en su rostro un aspecto traslúcido. Este principio es verídico en los niños y en nosotros los adultos. Un niño con conciencia limpia tendrá un aspecto lúcido y feliz, y esto es lo que Dios desea para él. Muchas personas me han dicho, “Hermano Denny, tus hijos tienen un aspecto tan lúcido.” Y, es verdad, pero esto no debe ser algo especial, pues cada niño debe tener este semblante.

 

Yo puedo discernir si un niño está recibiendo la apropiada disciplina, al mirar su aspecto. Un niño correctamente disciplinado tiene una conciencia limpia, su corazón está blando y su voluntad está sujetada a sus padres. Sí, a través de tales señales, discernir la clase de disciplina dada por los padres es muy sencillo. Tal vez tú tengas dudas y quieres formularme la pregunta: “Espérate un momento hermano Denny. ¿Cómo puedes tú ser tan atrevido para decir esto?” Bueno, recuerda la ilustración del constructor y el agricultor. A raíz del ejercitado conocimiento de estos hombres, ellos pueden discernir la necesidad de una casa o de un huerto a las claras y en un instante. Y, ninguno de nosotros se quedaría sorprendido de su sagaz discernimiento; pues, ellos son especialistas en su trabajo. Del mismo modo, Dios desea que nosotros seamos sagaces en la crianza de nuestros hijos. Aprendiendo los principios de Dios, estos se harán una parte instintiva de nuestro pensar, y podremos discernir tal como el agricultor o el constructor lo discierne.

 

Tenemos en nuestros alrededores una generación de hijos que se están destruyendo a razón de la falta de discernimiento. Amados padres, es tan sencillo. Sé que existen casos más difíciles que requieren experto cuidado, pero la mayoría de las necesidades en la vida hogareña pueden ser curadas por padres que conocen la Palabra de Dios y le hacen caso a ella.

Otras formas de disciplinar

 

Ahora bien, voy a decir que existen otras formas de disciplinar más que el sólo usar la vara. Voy a listar algunas que nosotros usamos en nuestro hogar, para que su explicación aclare el cómo aplicarlas.

 

·QUE SE PONGAN DE PIE EN LA ESQUINA. Como una reprensión leve y un aviso, hacemos que el hijo desobediente se ponga de pie un rato en una esquina del cuarto. Le decimos, “Si te comportas bien luego de esto, no vas a recibir otra disciplina. De lo contrario sólo te vas a encontrar con un castigo más fuerte.”

·QUITARLES LOS PRIVILEGIOS. Si al hijo desobediente le gusta mucho cierta actividad (por ejemplo, nadar en el río), le quitamos por un tiempo el privilegio de participar en ello. El perder su privilegio en tales casos puede ser un muy efectivo aviso y reprensión.

·QUITARLE UN JUGUETE. Cuando un hijo demuestra mezquindad con su posesión, quitarle tal bien le enseñará una lección.

·GUARDARLE LA COMIDA. En el proceso de enseñanza – aprendizaje, acerca de que el hijo se tiene que comer todo lo que está en su plato, se puede guardar para la siguiente comida los restos que no se quiera comer en el tiempo anterior. Y el hijo tendrá que comerse lo que dejó de la comida anterior. Esto, en ciertos casos, puede ser más útil que usar la vara. El mirar otra vez los mismos frijoles en su plato (¡ya fríos!), es muy convencedor.

·AZOTARLE LA MANO. A veces, en el caso de un hijo que es todavía pequeño, le azotamos la mano. En tales casos, uno o dos azotes en la mano quebrantará la voluntad del niño y todo se arreglará.

 

Pues bien, existen otras formas de disciplinar a un niño, y tú puedes usar tu imaginación para formarlo mejor. Te he listado las anteriores sólo para darte unos ejemplos. No es una lista completa; estamos en el proceso de criar hijos y seguimos aprendiendo.

 

Los principios de Dios dan resultados

 

Hace muchos años estuve trabajando en la ciudad de Chicago, en ese entonces Dios me permitió experimentar algo que nunca podré olvidar. La iglesia a la que asistía tenía autobuses propios para recoger a los niños que asistían a la escuela dominical, y yo conducía. En la ruta que recorría, había una madre soltera, quien tenía cuatro hijos. Ella no era una buena madre, pues nunca se había casado y era alcohólica. Además, se negaba a cuidar a sus hijos, los cuales eran muy incontrolables. Yo la visitaba todos los sábados, pues llevaba una carga en mi alma por su situación. Dos de sus cuatro hijos eran gemelos, y estos se comportaban casi como salvajes.

 

Cierto sábado, visitando a las familias de mi ruta, esa madre abrió la puerta a mi costado, totalmente frustrada. Los gemelos se habían comportado exageradamente mal la semana anterior, y ella estaba por deshacerse de ellos por completo. Esto tocó muy fuerte a mi corazón, pues sentí en mi alma una carga por ellos. De hecho, yo era, en un sentido, el único padre que ellos tenían. En medio de toda la situación, la madre me dio una sola opción, diciéndome: “Si tú quieres llevártelos a tu casa durante una semana para curarlos, hazlo.” Pues como era un tiempo de vacaciones y yo sabía que iba a estar en mi casa toda la siguiente semana, lo hice. Así, que me llevé a esos gemelos a mi casa. (¡Qué sorpresa fue para Jackie!)

 

Durante los dos días siguientes, Jackie y yo los seguíamos a dondequiera que iban. Les impartimos instrucción y guía acerca de las reglas del hogar, y les dimos aviso que recibirían castigo con la vara si no obedecían. Por supuesto, desobedecieron, porque nunca habían sido entrenados de tal manera, y tuve que darles un amoroso castigo, una y otra vez. Ellos nunca habían recibido tal disciplina, solamente les habían pegado enojadamente.

 

Esos dos niños llegaron a ser muy amigos míos y amaban sumamente al “señor Denny”. Luego de dos días de consistente y amante entrenamiento, ellos habían aprendido mucho y al terminar la semana se habían convertido en niños muy obedientes. Se comían toda su comida y se sentaban con calma, comiendo con una cuchara en lugar de usar los dedos. Aun dijeron “por favor” y “gracias” al pedir algo. ¡Sí, se convirtieron en niños que se comportaban muy bien!

Al terminar la semana, se los llevé a la madre, y de allí me fui a visitar a otros niños de la ruta. Pasó una semana más y volví a visitarles otra vez. Al abrir la puerta, la madre me miró un rato sin decir nada y luego me preguntó, —¿Qué les hiciste a mis hijos? ¡No puedo creerlo! Ahora se comportan bien. ¿Qué les hiciste?

Esa madre no podía creer el cambio efectuado en sus hijos. Ella había estado abusando de ellos desde muy chiquitos, pegándoles en la mejilla, echándolos de la casa, golpeándolos y gritándoles enojadamente; solamente para encontrarse que ellos se comportaban peor. Ella no entendía que ella misma empeoraba el problema. Solamente una semana de amante disciplina con la vara habían cambiado la manera de comportarse de sus hijos. De hecho, ellos eran unos niños muy maravillosos, y yo deseaba adoptarlos. Creía que podían llegar a ser buenos hijos.

 

No deseo que la gloria se me dé a mí. El secreto no soy yo, sino que son los eternos principios de Dios. De hecho, he recibido otros testimonios iguales a lo que les he compartido en los anteriores párrafos, historias donde niños problemáticos fueron llevados a un hogar piadoso para curarse. Los padres del hogar piadoso simplemente aplicaron las “tácticas de cultivo para niños” y como resultado recibieron los frutos de aplicar esas eternas leyes. ¡Producen resultados positivos esas leyes! Tus hijos no son diferentes que los hijos de los demás. Si tienes hijos problemáticos, generalmente es asunto de aprender cómo criarlos según los principios de Dios y luego poner por obra lo que has aprendido.

 

Un niño disciplinado tiene paz en su corazón, paz que se demuestra en su aspecto físico, y afecta cada área de su vida. De veras, el corazón limpio y feliz es una dádiva dada a través de los padres. De hecho, es una dádiva de amor.

 

Oración

 

Señor, ábrenos los ojos del corazón. Estamos infectados con el espíritu de la era actual. Perdónanos a causa de nuestra desobediencia. Sabíamos tu voluntad, pero no hemos obedecido. Santifica y purifica nuestro corazón, hasta que seamos motivados por el amor espiritual en la crianza de nuestros hijos. Amado Padre, hemos reaccionado ante los fracasos de nuestros padres. Perdónanos, cámbianos y sánanos para que podamos desarrollarnos en fe. En el nombre del Señor Jesucristo, amén.

 

Fuente anónima

 

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Hola, unción de lo alto les desea hermosas y abundantes bendiciones y que el Dios de toda gracia les conceda las peticiones de sus corazones, les animamos a que sigamos adelante con nuevos propósitos y proyectos en Cristo para la honra y gloria de su santo nombre, a no escatimar esfuerzos sabiendo que la obra de nuestras manos no es en vano, por lo que ponemos en sus manos estos pequeños panes y peces y que el Señor lo multiplique en su corazon, y como dice su palabra, no nos cansemos de sembrar que a su tiempo segaremos, bendiciones a todos nuestros Hnos, amigos y siervos en Cristo, asi, como a toda la familia en la fé les deseamos los pastores  Martha  y Daniel. de Iglesia Mundo de fe en Acapulco Gro...   Autores de esta página

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